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viernes, 19 de marzo de 2010

¿Por quién murió Cristo? - C.H. Spurgeon

Algunas personas aman la doctrina de la expiación universal porque ellos dicen, "Es tan hermosa. Es una idea encantadora que Cristo debe de haber muerto por todos los hombres; se encomienda á sí misma," ellos dicen, "a los instintos de la humanidad; hay algo en ella repleto de la alegría y la belleza”. Lo admito que lo hay, pero la belleza a menudo se puede asociar con la mentira.

Hay mucho que yo quizás admire en la teoría de la redención universal, pero sólo mostrare lo que la suposición necesariamente implica. Si Cristo en Su cruz pensó de salvar a cada hombre, entonces Él pensó de salvar a los que fueron perdidos antes que Él muriera. Si la doctrina es verdad, que Él murió por todos los hombres, entonces Él murió por algunos que estaban en el infierno antes que Él viniera a este mundo, porque había indudablemente aún millares allí que había sido arrojado a causa de sus pecados.

Una vez más, si era la intención de Cristo de salvar a todos los hombres, cuán deplorablemente Él fue desilusionado, porque tenemos Su propio testimonio que hay un lago que arde con fuego y azufre, y en ese hoyo de angustia han sido lanzados algunas de las mismas personas quienes, según a la teoría de la redención universal, fueron comprados con Su sangre, que me parece ser una concepción mil veces más repulsiva que cualquiera de esas consecuencias que es dicho ser asociado con la doctrina calvinista y cristiana de la redención especial y particular. En pensar que mi Salvador murió por hombres que estaban o están en el infierno, parece ser una suposición demasiado horrible para mí entretener. Para imaginarse por un momento que Él fue el Substituto por todos los hijos de los hombres, y que Dios, habiendo castigado primero al Substituto, castigar después a los pecadores mismos, parece chocar con todas mis ideas de la justicia Divina. Que Cristo debiera ofrecer una expiación y la satisfacción por los pecados de todos los hombres, y que después algunos de esos mismos hombres deben de ser castigados por los pecados por los cuales que Cristo ya había expiado, parece para mí ser la iniquidad más monstruosa que pudiera jamás haber sido imputada a Saturno, a Jano, a la diosa de los Maleantes, o a las deidades más diabólicas paganas. ¡Dios no quiera que jamás pensemos así de Jehová, el justo, Sabio y Bueno!

sábado, 12 de diciembre de 2009

Las Inconsistencias del Arminianismo

Hola a todos:

Les quiero compartir este árticulo donde se expone parte del texto de Spurgeon en el cual habla sobre la doctrina del "El libre Albedrío" (1855) enseñada por los Arminianos. Al final de su sermón, Spurgeon demostró algunas de las inconsistencias que sostiene la teología arminiana, expresando lo siguiente:

"Me atrevería a decir que ustedes han oído muchos buenos sermones arminianos, pero nunca han oído una oración arminiana, pues cuando los santos oran, son una misma cosa en palabra, obra y mente. Un arminiano puesto de rodillas oraría desesperadamente igual que un calvinista. No puede orar sobre el libre albedrío: no hay espacio para eso. Imagínenlo orando así: “Señor, te doy gracias porque no soy como esos pobres calvinistas presumidos. Señor, yo nací con un glorioso libre albedrío; yo nací con el poder de ir a ti por mi propia voluntad; yo he aprovechado mi gracia. Si todos hubieran hecho lo mismo con su gracia como lo he hecho yo, todos podrían haber sido salvos. Señor, yo sé que Tú no puedes hacernos querer si nosotros mismos no lo queremos así. Tú das la gracia a todo mundo; algunos no la utilizan, pero yo sí .Hay muchos que irán al infierno a pesar de haber sido comprados con la sangre de Cristo al igual que yo; a ellos les fue dado el Espíritu Santo también; tuvieron una muy buena oportunidad, y fueron tan bendecidos como lo he sido yo. No fue tu gracia lo que hizo la diferencia; acepto que sirvió de mucho, pero fui yo el que hizo la diferencia; yo hice buen uso de lo que me fue dado, en cambio otros no lo hicieron así; esa es la diferencia principal entre ellos y yo.”

Esa es una oración diabólica, pues nadie más que Satanás podría orar así. ¡Ah!, cuando están predicando y hablando cuidadosamente, puede entrometerse la doctrina errónea; pero cuando se trata de orar, la verdad salta, no pueden evitarlo. Si un hombre habla muy despacio, puede hacerlo muy bien; pero cuando se pone a hablar rápido, el viejo acento de su terruño, donde nació, se revela.

Les pregunto otra vez, ¿han conocido alguna vez a algún cristiano que haya dicho: “Yo vine a Cristo sin el poder del Espíritu?” Si en efecto alguna vez han conocido a un hombre así, no deben dudar en responderle: “Mi querido señor, yo verdaderamente lo creo, pero también creo que saliste también sin el poder del Espíritu, y que no sabes nada acerca del tema del poder del Espíritu, y que estás en hiel de amargura y en prisión de maldad.” ¿Acaso escucho a algún cristiano diciendo: “Yo busqué a Jesús antes que Él me buscara a mí?” No, amados hermanos; cada uno de nosotros debe poner su mano en su corazón y decir:

“La gracia enseñó a orar a mi alma,Y también hizo que mis ojos derramaran lágrimas;Es la gracia la que me ha guardado siempre,Y nunca me abandonará.”
¿Hay aquí alguien, alguien solitario, hombre o mujer, joven o viejo, que pueda decir: “Yo busqué a Dios antes que Él me buscara a mí?” No; y aun tú que eres un poco arminiano vas a cantar:
“¡Oh, sí!, verdaderamente amo a Jesús,Sólo porque Él me amó primero.”

Y ahora otra pregunta. ¿Acaso no nos damos cuenta, aun después de haber venido a Cristo, que nuestra alma no es libre, sino que es guardada por Cristo? ¿Acaso no nos damos cuenta, aun ahora, que el querer no está presente en nosotros? Hay una ley en nuestros miembros, que está en guerra contra la ley de nuestras mentes. Ahora, si quienes están vivos espiritualmente sienten que su voluntad es contraria a Dios, ¿qué diremos del hombre que está “muerto en delitos y pecados”? Sería una cosa maravillosamente absurda poner ambos al mismo nivel; y sería aun más absurdo poner al que está muerto antes del que está vivo. No; el texto es verdadero, la experiencia lo ha grabado en nuestros corazones. “Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.”

Ahora, debemos decirles las razones por las que los hombres no quieren venir a Cristo. Primero, porque ningún hombre por naturaleza considera que necesita a Cristo. Por naturaleza el hombre considera que no necesita a Cristo; considera que está vestido con sus ropas de justicia propia, que está bien vestido, que no está desnudo, que no necesita que la sangre de Cristo lo lave, que no está rojo ni negro, y que no necesita que ninguna gracia lo purifique. Ningún hombre se da cuenta de su necesidad hasta que Dios no se la muestre; y hasta que el Espíritu Santo no le haya mostrado la necesidad que tiene de perdón, ningún hombre buscará el perdón. Puedo predicar a Cristo para siempre, pero a menos que sientan que necesitan a Cristo, jamás vendrán a Él. Puede ser que un doctor tenga un consultorio muy bueno, y una farmacia bien surtida, pero nadie comprará sus medicinas a menos que sientan la necesidad de comprarlas.

La siguiente razón es que a los hombres no les gusta la manera en que Cristo los salva. Alguien dice: “No me gusta porque Él me hace santo; no puedo beber o jurar si Él me ha salvado.” Otro afirma: “Requiere de mí que sea tan preciso y puritano, y a mí me gusta tener mayor libertad.” A otro no le gusta porque es tan humillante; no le gusta porque la “puerta del cielo” no es lo suficientemente alta para pasar por ella con la cabeza erguida, y a él no le gusta tener que inclinarse. Esa es la razón principal por la que no quieren venir a Cristo, porque no pueden ir a Él con las cabezas erguidas; pues Cristo los hace inclinarse cuando vienen. A otro no le gusta que sea un asunto de la gracia desde el principio hasta el final. “¡Oh!” dice:”si yo pudiera llevarme algo del honor.” Pero cuando se entera que es todo de Cristo o nada de Cristo, un Cristo completo o sin Cristo, dice: “no voy a ir,” y gira sobre sus talones y se va. ¡Ah!, pecadores orgullosos, ustedes no quieren venir a Cristo. ¡Ah!, pecadores ignorantes, ustedes no quieren venir a Cristo, porque no saben nada acerca de Él. Y esa es la tercera razón.

Los hombres desconocen Su valor, pues si lo conocieran, querrían venir a Él. ¿Por qué ningún marinero fue a América antes de que Cristóbal Colón fuera? Porque no creían que América existiera. Colón tenía fe, y por tanto él sí fue. El que tiene fe en Cristo viene a Él. Pero ustedes no conocen a Jesús; muchos de ustedes nunca han visto su hermosísimo rostro; nunca han visto cuán valiosa es su sangre para un pecador, cuán grande es su expiación; y que Sus méritos son absolutamente suficientes. Por tanto “no queréis venir a Él.”

Y ¡oh!, queridos lectores, mi última consideración es muy solemne. He predicado que ustedes no quieren venir. Pero algunos dirán: “si no vienen es su pecado.” ASÍ ES. Ustedes no quieren venir, pero entonces esa voluntad de no venir es una voluntad pecaminosa. Algunos piensan que estamos tratando de poner “colchones de plumas” a la conciencia cuando predicamos esta doctrina, pero no hacemos eso. Nosotros no afirmamos que es parte de la naturaleza original del hombre, sino que decimos que pertenece a su naturaleza caída.

Es el pecado el que te ha sumido en esta condición de no querer venir. Si no hubieras caído, querrías venir a Cristo en el momento en que te es predicado; pero no vienes por tus pecados y crímenes. La gente se excusa a sí misma porque tiene un corazón malo. Esa es la excusa más débil del mundo. ¿Acaso el robo y el hurto no vienen de un corazón malo? Supongan que un ladrón le dice a un juez: “No pude evitarlo, tenía un mal corazón.” ¿Qué diría el juez? “¡Bandido!, si tu corazón es malo, voy a darte una mayor sentencia, pues tú eres ciertamente un villano. Tu excusa no sirve para nada.” El Todopoderoso “se reirá de ellos, se burlará de todas las naciones.” Nosotros no predicamos esta doctrina para excusarlos a ustedes, sino para que se humillen. La posesión de una mala naturaleza es tanto mi culpa como mi terrible calamidad.

Es un pecado que siempre será achacado a los hombres. Cuando no quieren venir a Cristo es el pecado lo que los aleja. Quien no predica eso, me temo que no es fiel a Dios ni a su conciencia. Vayan a casa, entonces, con este pensamiento; “soy por naturaleza tan perverso que no quiero venir a Cristo, y esa perversidad impía de mi naturaleza es mi pecado. Merezco ir al infierno por eso.” Y si ese pensamiento no te humilla, a pesar de que el Espíritu lo está usando, ninguna otra cosa podrá hacerlo. Este día no he ensalzado la naturaleza humana, sino que la he humillado. Que Dios nos humille a todos. Amén.
Fuente:
Agradezco al autor de esta página por el material e información.
DIOS LES GUÍE A TODO VERDAD

jueves, 15 de octubre de 2009

Spurgeon y el nuevo nacimiento.

La regeneración es lo que diferencia a los cristianos verdaderos de los falsos que se engañan asimismos diciendo ser hijos de Dios.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Falso Arrepentimiento - Charles Spurgeon

Examínate a ti mismo, y verifica si realmente estas en la fe....

Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento. Mat 3:8

lunes, 30 de marzo de 2009

¿Alimentando a las ovejas o entreteniendo a los cabritos? - Charles Spurgeon

Un mal reside en el campamento profesado del Señor, tan desagradable y tan revelador, que hasta el más miope difícilmente pueda dejar de notarlo. Durante los últimos años se ha desarrollado a una velocidad anormal. Ha trabajado como la levadura; hasta que toda la masa se fermente. El diablo rara vez ha hecho una cosa más astuta que insinuarle a la Iglesia que parte de su misión es proporcionar entretenimiento para la gente con el propósito de ganarlos. De haber comenzado en un inicio a denunciar las cosas como lo hacían los puritanos, ahora la Iglesia ha gradualmente degradado su testimonio. Le ha ceñido el ojo, y ha justificado, a las frivolidades del día. Luego las ha tolerado dentro de sus confines y ahora las ha adoptado bajo el argumento de que está alcanzando a las masas.

Mi primer argumento es que en ningún lugar de las Escrituras se menciona, como una función de la Iglesia, el proporcionar entretenimiento a la gente. Si esto fuera un trabajo cristiano, ¿por qué no habló de ello Cristo? “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.” (Marcos 16:15) Eso esta lo suficientemente claro.

Si Él hubiese agregado el entretenimiento, hubiera dicho algo así, “Y proporcionen entretenimiento a todos aquellos que no disfrutan el evangelio.” Sin embargo, estas palabras no se encuentran en ninguna parte. Parece no habérsele ocurrido. Por otro lado, “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio.” (Efesios 4:11-12)
¿Dónde entran los artistas de entretenimiento aquí? El Espíritu Santo guarda silencio con respecto a ellos. ¿Acaso fueron perseguidos los profetas porque entretenían a la gente, o porque los rechazaron? Un concierto no tiene lugar en el rol del mártir.

De nuevo, proporcionar entretenimiento está directamente en contra de la enseñanza y la vida de Cristo, y de todos Sus apóstoles. ¿Cuál era la actitud de la Iglesia hacia el mundo? “Vosotros sois la sal,”. No dice, “dulce de azúcar”. Es algo que el mundo escupe, no algo que se traga. La declaración fue corta y tajante, “Deja que los muertos entierren a sus muertos.” ¡Él hablaba con una seriedad terrible!

Si Cristo hubiera introducido más elementos brillantes y placenteros dentro de Su misión, Él hubiera sido más popular cuando la gente regresaba por la naturaleza y estilo de Su enseñanza. Yo no lo escucho decir, “Corre detrás de esa gente, Pedro, y diles que tendremos un estilo diferente de servicio mañana; algo corto y atractivo con poca predicación. Tendremos una tarde placentera para la gente. Diles que de seguro lo disfrutarán. ¡Rápido, Pedro, debemos atraer gente de alguna manera!” Jesús compadeció a los pecadores, suspiró y lloró por ellos, pero nunca buscó entretenerlos.

Buscaríamos en vano en las Epístolas cualquier rastro de entretenimiento del Evangelio. Su mensaje es, “Salte, guárdate, mantente limpio!” Cualquier cosa que se aproxime a un engaño se hace evidente por la ausencia de esto. Ellos tenían una confianza infinita en el Evangelio, y no empleaban otra arma.
Después de que Pedro y Juan fueran encarcelados por predicar, la Iglesia tuvo una reunión de oración, pero ellos no oraron, “Señor concédele a Tus siervos, que por medio del uso sabio y discriminatorio de recreaciones inocentes, podamos mostrarle a esa gente lo felices que somos.” Ellos no cesaron de predicar sobre Cristo. No tenían tiempo para organizar entretenimientos. Dispersados por la persecución, fueron a todos lados a predicar el Evangelio. Ellos “pusieron al mundo de cabeza.” ¡Esa es la diferencia! Señor, limpia a tu Iglesia de toda la podredumbre y basura que el diablo ha impuesto sobre ella, y tráela de regreso a los métodos apostólicos.

Finalmente, la misión de entretenimiento falla en lograr el fin deseado. Trabaja en destruir a los jóvenes convertidos. Permite que hablen y testifiquen los irresponsables y los burladores; estos le agradecen a Dios porque la Iglesia los encontró a mitad de camino. Permite que aquellos con cargas no guardan silencio; estos encontraron paz a través de un concierto! Permite que se levante el borracho, quien por medio del entretenimiento dramático, le sirvió de vínculo con Dios en la cadena de su conversión! No hay nadie que responda. La misión del entretenimiento no produce convertidos.

El estudio, en combinación con una espiritualidad sincera, es una necesidad urgente para el ministerio de hoy en día; una brota de la otra como el fruto desde la raíz. Hay una necesidad de doctrina bíblica, comprendida y sentida tan profundamente, que enciende el fuego en los hombres.